La pintura paisajista en Cuba ha tenido una fuerte tradición desde hace varias décadas, no pocos pintores cubanos han optado por el paisaje como medio de expresión, algunos de ellos han representado en sus lienzos escenas de paisajes típicos cubanos y lugares muy representativos de Cuba como -El valle de Viñales-, otros a su vez han optado por un paisaje más íntimo y personal, como es el caso del artista Hanoi Martínez León, quien haciendo uso de elementos muy representativos de Cuba, como la palma real y los mogotes, logra otorgarle un estilo más universal a sus cuadros, creando su obra a partir de una reinterpretación de diferentes entornos naturales para construir en su imaginación, y posteriormente plasmar en el lienzo, una visión personal de la realidad, creando un entorno en donde lo real y lo irreal nos confunde mezclándose entre sí, para dar como resultado un paisaje por momentos edulcorado y onírico, en ocasiones melancólico y evocador, pero que sin dudas logra seducir al espectador.

Hanoi Martínez León nació en Ciudad de la Habana, Cuba, desde el 2006 reside en la Ciudad de Medellín, Colombia. Ha participado en numerosas exposiciones en Cuba, Latinoamérica, Europa y los Estados Unidos, también ha participado en varias Bienales de Arte en Colombia, su obra ha sido publicada en diversos medios como revistas digitales, publicaciones de arte y documentales.

Crítica Especializada


Hanoi y la idea del paraíso.


el árbol que yo era,
acaso era yo un árbol.


Jesús Miguel Roura


El paisaje para lo cubano, más que su marca de identidad, es su orgullo. Signado por el azul de mar y cielo, ocre de tierra sanguínea y verde de montes y campos en verano perpetuo. Congestiona la visualidad de un país que se defiende de la depredación moderna y resguarda como memoria afectiva su horizonte. No es la selva brava o el desierto abrasador; es más bien la suavidad de la llanura, el río transparente y lento, el lomerío de vegetación tranquila que dan una paleta múltiple y serena. Es por ello que dentro de las artes plásticas pintar la magia de su paisaje no sea un fenómeno nada extraño. El valor está en la diferencia.

Cuando hace 7 años conocí a Hanoi Martínez León y me encontré con su pintura estuve seguro entonces de que no era uno más dentro de la comunidad de pintores cubanos que abocaban el paisaje como forma de expresión. Es posible que llegara al concierto plástico con referencias sacadas de viejos catálogos importados de Rusia en la década de los 80, de una muy buena calidad de impresión y que algunos atesoran aún en sus bibliotecas. De todo lo visto escogió el paisaje muy bien representado en esa cultura y en la nuestra.

Pintura suprema la Rusa pero nada que ver con Cuba y de ahí viene el valor de Hanoi Martínez, porque a la perfección de la academia Rusa, solo adivinada en imagenes, Hanoi tuvo que descubrir a golpe de trabajo la Luz de Cuba, que es y no es el trópico, que es y no es la insularidad, y buscar en su imaginario los retazos de realidad que ilustraría en un pedazo de lienzo.

Los pedazos recogidos en su imaginario, conformados como un rompecabezas y llevados al lienzo en una de las más difíciles técnicas con las que se trabaja la pintura crea este artista su propio vergel. Espátula en mano asalta Hanoi el rectángulo que recibe sin opción, pero sin quejas la ilustración, un pincel para marcar intenciones y llegar al detalle más intimo, con una meticulosidad que se extiende siempre en busca de la maestría. No hay pretensión falsa en este artista, solo deseos y curiosidad, por eso pudo llegar tan joven al lugar que a muchos les cuesta años de magisterio, al lugar donde se guarda la luz de Cuba. Alguien habló un día de trabajo a partir de fotografías y creo recordar la sonrisa irónica de Hanoi. Todo está en su dentro, luz, composición, texturas, ritmo, experiencias propias y metas. Nada existe en la naturaleza, o tal vez sí, ya a partir de Hanoi comienza a existir.

Es sobre todo naturaleza vegetal, ausente de vida animal, sin embargo no es su trabajo estático, la vida vibra en cada tono, se multiplica y se impone en el valor de la composición, es la imagen del lugar donde la pregunta presente en cada obra de arte aquí cae por su propio peso. Es este joven pintor meticuloso en extremo con su obra y su imagen por ello se exige más cada día. Sin concesión con lo banal o lo fácil. Siempre buscando dentro del equilibrio, la perfección. Logrando en cada trabajo crear un espacio de paz, tal vez el lugar que todos merecemos.

Es Hanoi sin dudas uno de los exponentes más sólidos del paisaje entre los jóvenes artistas que habitan la ciudad, es exponente habitual de las exposiciones colectivas y salones de paisajes que se celebran en la Habana, también se ha destacado como parte de los artistas que colaboran con proyectos comunitarios. Solo alguien con esa especial sensibilidad por la vida y por quienes lo rodean puede pintar el rostro de la paz de todos desde la suya propia.

Ciudad de la Habana, 18/03/08
Manuel Ávila González
Escritor y Crítico






Sudan sobre la tierra los vapores demoníacos, la hierba la han secado toda y ya no me atrapa el sol se han llevado la lluvia, me han robado el paisaje.

Andrés Mir


El historicismo de los temas en las artes plásticas se ha mantenido a través de las diferentes etapas de la historia del arte algunos de manera transitoria otros han soportado el paso del tiempo y los constantes cambios de las tecnologías y el gusto de estetas y espectadores como es el caso del paisaje en sus variadas vertientes.

En tiempos de fuertes cambios ambientales por la depredación agresiva del hombre contra la naturaleza, el mismo hombre debe, mediante las artes plásticas, promover toda la belleza de nuestro entorno convocando a evitar la perdida de ese evocado paraíso terrenal en que surgimos como materia primogénita y del cual nos proveemos para desarrollarnos y llegar al homo sapiens actual.

Aunque quizás la intención primaria de este joven artista no sea esta, sus obras son el reflejo de su amor por la naturaleza que lo ha acompañado en su lugar de nacimiento, La Habana del Este, donde se funden el paisaje rural y el marino, de ahí la presencia casi perenne del elemento agua en sus obras.

Hanoi logra a través de su trabajo pictórico que nosotros simples mortales nos trasvolemos a esos pedazos de naturaleza casi idílicas pero tan reales por el tratamiento técnico, donde mezcla los instrumentos como la espátula y el pincel, apoyándose en una paleta de ocres, sienas, verdes, azules y violetas. Con un tratamiento de las texturas que enriquece a la vista y al tacto. Convocados pues por este mensaje intentemos lograr con nuestras acciones que a diferencia de Adán y Eva no nos auto expulsemos de nuestro paraíso y que solo lo podamos recordar por la obra de hábiles artistas como Hanoi Martínez León.


Lic. Onaysi Esther Noda Gómez Pintora, Crítico y Pedagoga en Artes Plásticas
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